Encabezado Boletin
ISSN 2525-040X   

Número 24, Abril de 2018

"Producción Pública de Medicamentos en la Argentina: Propósitos, posibilidades y desafíos"

La ética o falta de ética en la industria farmacéutica 11/2013

https://laikeva.wordpress.com/2013/11/11/123-jpg/ 

Descriptores: <Industria farmacéutica> <Empresas transnacionales> <Mercado> <Ética> <Enfermedades> <Enfermos> <Productos farmacéuticos> <Medicamentos> <Medicamentos esenciales> <Oligopolios> <Riesgos para la salud> <Política de salud> <Salud pública> <Responsabilidad> <Responsabilidad social> <Responsabilidad de los Estados> <Poder de la comunidad>

La ética es una disciplina filosófica que tiene como objeto los actos que el ser humano realiza de modo consciente y libre; es decir, aquellos actos sobre los que ejerce de algún modo un control racional y volitivo. Pero además, busca emitir un juicio sobre esos actos, que permite determinar si han sido éticamente buenos o malos.

La deontología forma parte de lo que se conoce como ética normativa y presenta una serie de principios y reglas de cumplimiento obligatorio. La deontología médica y farmacéutica son esenciales para nuestras sociedades.

Es fundamental tener muy en cuenta que un dilema ético no implica tener que hacer una elección entre lo correcto y lo incorrecto, sino tener que elegir entre opciones correctas.

Entre los profesionales que opinaron sobre la ética de la industria farmacéutica nos encontramos con el Dr. Peter Gøtzsche, quien sostiene que la industria farmacéutica ha corrompido sistemáticamente la ciencia para obtener enormes beneficios y minimizar los daños de sus medicamentos, al menos de cara a la opinión pública. Desglosa el entramado de este gran Lobby y documenta los sobornos de la industria farmacéutica en su obra “Medicamentos mortales y Crimen Organizado”. Desde la compra de científicos, médicos y académicos, a organizaciones profesionales y de pacientes, periodistas, legisladores y políticos

Existen científicos que comen de la mano de los sectores económicos más sucios y antisociales. Forman grupos de presión a favor de las compañías que les financian. Este grupo de científicos forma parte de un gran lobby, formado, entre otros, por grandes farmacéuticas y la corrupción infiltrada en instituciones (como la OMS, políticos, periodistas, editores y revistas de divulgación científica, organismos de valoración de los medicamentos como FDA (Food and Drug Administration o Agencia de Alimentos y Medicamentos o Agencia de Drogas y Alimentos) CDER (Centro de Investigación y Evaluación de Medicamentos) EMEA (Agencia Europea de Medicamentos) etc.

Una de la formas de actuar de estos grandes lobbys, además del soborno económico, es atacar públicamente a personas y colectivos que apuesten por la claridad, la información, la imparcialidad en temas de farmaindustria y que no sigan los mandatos del entramado tecno-científico. Así usan a muchos científicos, periodistas, instituciones, políticos, etc, que se vuelven la voz de su amo y menoscaban su propio “prestigio” para salvar la cara de estas industrias que lucran con la pérdida de salud de las personas y que dañan nuestro medio ambiente. Le hacen la labor sucia unos defendiendo la inocuidad de determinado fármaco, a sabiendas de que es letal o perjudicial, otros legislan a su favor, otros cierran los ojos y miran a otro lado, y el final de la cadena es seguir ganando dinero y evitar las sanciones y resoluciones judiciales desfavorables, que supondrían costes multimillonarios, si se logra esclarecer causa-efecto, ante las denuncias de ciudadanos o asociaciones perjudicadas por un medicamento.

Hay casos en que científicos- investigadores dependientes de fondos privados habrían descubierto medicinas muy eficaces para acabar totalmente con una enfermedad. Pero ello no interesaba a quienes financiaban esos estudios (lobbys farmacéuticos). Las farmacéuticas están menos interesadas en curar que en seguir obteniendo beneficios indefinidamente. Es así como esa investigación exitosa es desviada -de repente- hacia otro lado, por ejemplo hacia el descubrimiento y salida al mercado de medicinas que no curan del todo, sino que hacen crónica la enfermedad y le hacen experimentar una mejoría que desaparece cuando se deja de tomar el medicamento.

Las farmacéuticas están más interesadas en líneas de investigación no destinadas a curar sino sólo a convertir en crónicas las dolencias con medicamentos cronificadores, mucho más rentables que los que curan del todo y de una vez para siempre.

Por ejemplo se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis (que parecía erradicada por completo) está resurgiendo y ha matado ya a millones de personas. Si analizamos estos datos y vamos un paso más allá podemos intuir el peligro potencial de esas cepas “guardadas” de viejas enfermedades, erradicadas en su momento, por el posible uso o abuso que se pudiera hacer de ellas cuando interesaran económicamente a esos lobbys.

Por otra parte se genera en la población mundial miedos a posibles pandemias inexistentes como tales. Por ejemplo, la Gripe Aviar motivó la dilapidación de miles de millones de dólares en vacunas y reservas de fármacos. El negocio gestado desde los grandes laboratorios del miedo y el aparato de publicidad alrededor del mensaje parece haber generado excelentes resultados económicos.

También se sabe que muchos de los llamados medicamentos genéricos no son eficaces y sin embargo se siguen prescribiendo en aras a la sostenibilidad del sistema público de salud. ¿Por qué llegamos a esto? Porque el precio de los fármacos está inflado artificialmente para producir grandes beneficios a las farmacéuticas. Muchos fármacos se pueden clonar (copiar) con éxito y a bajísimo coste, pero otros no.

Conclusiones simplificadas:

  • Primer Mundo: la medicina que cura del todo no es rentable y por eso no investigan en ella.
  • Tercer Mundo: apenas se investigan las enfermedades de esos lugares porque los medicamentos que las combatirían no serían rentables.
  • Al capital, incluido el generado por el lobby de la farmaindustria, sólo le interesa multiplicarse y el fin justifica los medios
  • El mundo de la política está infectado, pues se han hecho dependientes de esas multinacionales farmacéuticas que financian sus campañas
  • La industria farmacéutica compra las preferencias de los profesionales de la salud a la hora de elegir fármacos para las distintas patologías, ya sea con regalos, viajes, congresos y seminarios nacionales e internacionales.
  • Los grandes lobbys de la farmaindustria impiden la competencia en el sector.
  • La OMS no garantiza un verdadero consejo autónomo y un verdadero código autorregulatorio, ni un verdadero compromiso de transparencia en la relación farmaindustria-Salud humana.
  • La farmaindustria destina importantes recursos a la “publicidad imprecisa, confusa o engañosa” en revistas científicas o especializadas.
  • No hay un verdadero Consejo de Ética y Transparencia de la Industria Farmacéutica y Código de Buenas Prácticas de Promoción de la Industria Farmacéutica exigido por la OMS a cada país o agrupación de países.
  • Se debe generar tendencia que busque evitar las intromisiones de la farmaindustria y los conflictos de interés entre investigadores y patrocinadores.

— Como preguntas finales o reflexiones finales, para las que no hay respuesta adecuada y factible a corto-medio plazo, están las siguientes:

¿En manos de quién está nuestra salud individual y la salud de la sociedad en general? ¿Cuáles son los verdaderos mecanismos de contención para prevenir y evitar conductas perversas o anti-éticas del sector? ¿Qué códigos, tácitos y explícitos, rigen en la farmaindustria?

Se señalan tres posibles maneras de mejorar esta situación. (a) Aumentar las regulaciones a las farmacéuticas: Con ello se reduce la rentabilidad del negocio y pueden pasar dos cosas, o bien las empresas cierran o bien se ajustan los precios de producto al alza. En ambos casos, el consumidor final es perjudicado. (b) Estatizar el manejo de las empresas: La prioridad del sector estatal no es el beneficio, sino el bienestar de la sociedad. En este caso, sufrirá los mismos problemas que cualquier otra empresa estatal (corrupción, baja productividad, asociaciones de defensa de los trabajadores, prioridad del según interés político). Así, si bien puede haber mayor control sobre lo que hacen las empresas, priorizar enfermedades con amplio impacto sobre la sociedad y concentrarse en descubrir la mejor medicina posible, su gestión estará a merced de intereses políticos inciertos. (c) Educar al consumidor. Y más que educar, que el consumidor se preocupe por educarse a sí mismo. En opinión del autor, aquí es donde se encuentra la solución; en fortalecer y potenciar la responsabilidad individual sobre lo que cada uno elige consumir.

El autor concluye señalando que nuestra salud depende, en gran parte, de nuestra elección. Quizás el buen hacer de vida no pueda evitar que uno se contagie y sufra alguna dolencia; pero reducirá drásticamente las posibilidades de depender de algún medicamento. Cosas tan simples como comer bien, a la hora adecuada, las cosas adecuadas y hacer ejercicio físico ayudarán a evitar la gran mayoría de enfermedades y dolencias. Para el resto, sólo quedaría desear que quien tenga suficientes motivos para investigar o financiar el desarrollo de algún medicamento, lo haga sin miedo.

Reseñó e Indizado por JLT

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Nota del Editor: El editor no se responsabiliza por los conceptos u opiniones vertidos en las entrevistas, artículos y documentos reseñados en este Boletín, los cuales son de exclusiva responsabilidad de los respectivos entrevistados, autores o colaboradores.

    

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