Editoriales

Avanza el desempeño innovador de Argentina

Junio de 2014

Como es oportuno recordar, el desarrollo humano según criterios más universalmente aceptados, está basado fundamentalmente en lograr que las personas gocen de una vida larga y saludable; adquieran una educación que posibilite más conocimientos para un mejor desempeño laboral y social; y accedan a un ingreso que les dote de un nivel de vida decente.

Este último componente que concluye en dicho nivel de vida, deviene de la estrategia de promover el trabajo decente, tal como lo acuñara la OIT en 1999; es decir un empleo “que implique oportunidades de trabajo productivo con un ingreso justo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana”.

Dichos objetivos de salud, educación e ingreso, responden a términos concomitantes de una ecuación que permite visualizar el estado de bienestar y progreso que detenta un país o una región.

Lo importante de ello es que los mismos se desenvuelvan armónicamente y en igualdad, de manera que uno no progrese en detrimento del otro como ocurre en muchos casos. Valga el ejemplo de países con alto ingreso económico pero que son inequitativos en el acceso a la salud.

En las últimas décadas y muy en general, se ha comprobado que no pocas naciones han ido mejorando los indicadores de salud, educación e ingreso. Pero un fenómeno arrollador se produjo simultáneamente: la revolución tecnológica.

Esta no sólo impactó y transformó integralmente el proceso de crecimiento económico y desarrollo humano, sino que determinó en alguna medida la sobrevaloración de uno de los términos del desarrollo: el de la educación.

La revolución tecnológica provocó una profunda transformación de la producción y del consumo para lo cual su dinámica se apoya cada vez más en el desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC).

Pero este proceso revolucionario puede impactar mucho más positivamente en el desarrollo humano si se da pleno curso a la innovación productiva; es decir al proceso en que los países o las regiones expanden y potencian la creación y/o adaptación de nuevas tecnologías a su estructura productiva.

Y como el capital humano es el insumo o el determinante básico de la innovación productiva, la educación como factor de formación y de transferencia del conocimiento, ha pasado a jugar un rol superlativo en la armonización de los términos del desarrollo mencionados.

Por etimología innovar significa introducir algo nuevo, en este caso particular sería la introducción de una nueva tecnología en la empresa. Este hecho cobra mayor sentido cuando el cambio innovador impacta favorablemente en el resultado económico o comercial de la misma.

Por ello la innovación productiva se refiere a una idea que se transforma en un producto nuevo o mejorado, en un proceso operativo en las actividades industriales comerciales o de servicios, o en una nueva metodología para una organización social. Es sustancialmente un instrumento que contribuye a un cambio estructural del sistema productivo, sea de la actividad económica que fuere, mejorando la productividad y la competitividad.

Pero esta dimensión eminentemente económica de la innovación productiva no excluye otras motivaciones menos lucrativas o rentísticas que van a incidir potencialmente en la concreción de objetivos sociales y que en definitiva hacen al bienestar de las personas.

Esto equivale a decir que la innovación productiva, aunque no satisfaga determinados propósitos rentables, sus aportes pueden ser superlativos en los beneficios volcados al desarrollo educativo, cultural, de la salud, del medio ambiente, del hábitat, etc.

Volviendo al punto netamente económico, la competitividad de un país y su mejor posicionamiento en la economía global, dependen hoy de su nivel de innovación productiva. Por consiguiente, también, crea condiciones más favorables para impulsar el desarrollo humano al elevar y potenciar los mencionados términos constitutivos de la ecuación apuntada,

La posición de Argentina en el ranking mundial de países innovadores productivos no es todavía muy relevante. Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU, en 2012, sobre 141 países nuestro país ocupa el puesto 69. Como se ve, estamos aún distantes de los países que lo lideran .

El PNUD señala que en el 2011 los cuatro principales países en innovación productiva, Japón, Estados Unidos, China y la República de Corea, aprobaron más de 700.000 patentes, lo que demuestra la intensa dedicación de estas naciones a desarrollar propuestas innovadoras.

Argentina, es dable destacar, inició un cambio importante a partir del 2003 en sus políticas de impulso al desarrollo científico tecnológico. El gasto en investigación y desarrollo se incrementó del 0,41% del PIB en el 2003 al 0,6% en el 2010, pero es todavía insuficiente y relativamente bajo respecto a Brasil (1,1%), y a gran distancia de Estados Unidos (2,9%) o Japón (3,2%) El mismo PNUD apunta que nuestro país todavía no encontró “una articulación virtuosa entre el mundo de la investigación y el mundo productivo.”

Resulta interesante analizar este fenómeno a través de la asignación de los recursos destinados la investigación y desarrollo, para explicar la desarticulación de este campo con el productivo. Del total del gasto para la innovación productiva (investigación) en Argentina, las empresas participan en un 31,5%, mientras que en los porcentajes son mayores en Brasil, Unión Europea y Estados Unidos, hasta llegar al 82,8% en Japón.

Sin menoscabar la importancia de la inversión pública en esta materia, el hecho de provenir los recursos de las propias empresas, los resultados de la innovación responden rápida y adecuadamente a las necesidades operativas y competitivas de las mismas. En Brasil el 40% de los investigadores se emplean en empresas; en Estados Unidos el 70% y en Japón el 80%. Esto explica y fundamenta cómo en dichos países se corresponde el mundo de la investigación con el mundo productivo, y cómo es la dinámica innovadora en el interior de las empresas.

Pero hay otros datos a tener en cuenta si dejamos un poco de lado el análisis crudo de las comparaciones con los países desarrollados. En nuestro país, que en los últimos diez años recuperó todos los índices de crecimiento, empleo, consumo, creación de empresas, etc. según la SEPYME, la mitad de las pymes industriales que innovan productivamente lo hacen con recursos propios; y de acuerdo a algunas consultoras y cámaras empresariales, los obstáculos que enfrentan para la innovación es la falta de financiamiento, pero también la falta de recursos humanos calificados para implementar el proceso innovador.

Por el lado gubernamental las autoridades anunciaron el mantenimiento de la inversión productiva para las mipymes por un monto mínimo de 23.500 millones de pesos. Esto es alentador.

Por el lado de la capacitación y formación de recursos humanos, y atendiendo a lo expuesto, creemos que el sector privado, el empresarial, debe incrementar las acciones que desde sus ámbitos impulsen la innovación productiva y la consecuente transferencia del conocimiento conforme las exigencias operativas y de competitividad de las empresas. Ello sin soslayar el rol de responsabilidad social en la gestión (medio ambiente, clima laboral, promoción de la educación, etc.)

Aunque sea una paradoja, es un imperativo superar culturalmente un fenómeno muy real y difundido que se da cuando se transitan períodos buenos las empresas no se esfuerzan en mejorar su trabajo innovando como lo hacen apresuradamente cuando las dificultades de competitividad arrecian en el mercado.

En síntesis, estamos convencidos cada vez más en la importancia de avanzar en los objetivos que como empresarios nos hemos trazado al crear la Fundación para el Desarrollo Productivo y Tecnológico Empresarial de la Argentina –DPT-. Esto es, aportar desde el ámbito privado a la transferencia del conocimiento a fin de impulsar la innovación productiva en las empresas, pero con un proyecto educativo sin fines de lucro y que sea sustentable en el tiempo.

Pero también considerando la amplitud de todo el proceso innovador, sea innovando con propósitos netamente económicos u orientados al desarrollo social.

Firma Gomez Galizia

Guillermo Gómez Galizia
Presidente de la Fundación DPT

 Imprimir  Email

Offers and bonuses by SkyBet at BettingY com

Nuestras Carreras

logo-png-chicoConozca todo sobre las diplomaturas y postgrados de DPT.

Redes Sociales

Icono Facebook Grande       Icono Twitter Grande 

Seguinos en las distintas Redes Sociales

Quiénes Somos

logo-ico-chicoLa Fundación, sus fundamentos y valores.