Newsletter DPT Nro. 65

ISSN 2618-236X

Octubre / 2021

CUESTIONES DE INTERES

Las vacunas contra la COVID-19

Evidencias geopolíticas e incógnitas sanitarias

La presente reseña comprende dos (2) artículos referidos a las vacunas contra la COVID-19 y las perspectivas previsibles en la evolución de la pandemia. El primero (1) trata sobre cómo la “geopolítica” de las vacunas refleja las características, intereses y conductas de los principales actores de la política internacional. El segundo (2) focaliza en los escenarios previsibles frente a las amenazas evolutivas en las nuevas variantes del SARS-CoV-2

1.- Primer artículo: La “geopolítica” de las vacunas en el espejo de la política internacional (1)

La virulenta irrupción de la pandemia COVID-19 y sus efectos disruptivos sobre la vida humana generaron: (a) una urgencia global para desarrollar vacunas efectivas, y (b) el desafío de producir las vacunas y asegurar una distribución global equitativa de las mismas. Como suele ocurrir, la “fase política” resultó bastante más problemática que la “fase científica”.

El artículo reseñado comienza señalando dos fenómenos que condicionaron la cuestión de las vacunas: (a) Mercado de vacunas: Hubo -en particular en el primer semestre de 2021- un desfase exponencial entre la oferta y la demanda, y (b) Nacionalismo vacunal: La respuesta de algunos países productores (principalmente EEUU y en menor medida la UE e India) fue la de frenar la exportación -tanto del producto final como de los insumos- a fin de garantizar la inmunidad de sus connacionales. En el Occidente desarrollado primó claramente un enfoque de “We first”. Otros países desarrolladores y productores de vacunas como China y Rusia, adoptaron una diplomacia o geopolítica vacunal con mayores márgenes iniciales de oferta en el plano externo.

Comportamiento de los centros de poder mundial y de los demás países

El acceso a la vacuna desató un juego de poder, entre los principales actores estatales del sistema internacional, que reflejó fielmente el actual estado de la política a nivel global. Entender la dinámica de la política global es un prerrequisito para entender la dinámica en torno a las vacunas y su implicancia en la arena internacional.

La vacuna de la COVID-19 evidenció con crudeza la crisis de liderazgo que atraviesan las relaciones internacionales, así como la debilidad del multilateralismo. Asimismo, la ausencia de cooperación internacional también impactó en la capacidad de producción y distribución global. El fracaso de la iniciativa multilateral COVAX -en relación a sus metas originales- es el ejemplo más acabado de las referidas falencias.

El abordaje en materia de vacunas consistió en buscar soluciones nacionales a un problema global agravado por un virus cuyas variantes son cada vez más agresivas. Los 50 países más pobres del mundo que representan el 20% de la población global recibieron (a agosto de 2021) sólo el 2,2% de las vacunas.

Lejos estuvo EE.UU. de constituirse inicialmente en un “paymaster” global en matera de vacunación, al adoptar el principio “primero mi casa y luego el mundo”. Sin embargo, la capacidad productiva del capitalismo americano mostró todo su vigor y fortaleza al superar rápidamente los cuellos de botella iniciales. Una vez inmunizada gran parte de la propia población, EE.UU. se lanzó al juego geopolítico/diplomático con todos los “fierros” en la mano. En menos de dos meses entregó 110 millones de dosis (Pfizer y Moderna) en concepto de donación a más de 70 países. A principios de agosto, el “imperialista país del norte” había donado 3 veces más dosis de vacunas que el benevolente actor del “Sur Global” (China).

Quedó claro que China está a la vanguardia en materia de I+D y que se constituyó en un jugador fuerte en la economía del conocimiento. El gigante asiático exhibió un know how científico propio sumado a una fuerte capacidad productiva, lo cual posibilitó que las vacunas chinas (Sinovac, Sinopharm y CanSino) fueran distribuidas rápidamente a nivel global. Sin embargo, los recelos de gran parte de la comunidad internacional son indicadores de que un liderazgo global de China aún carece de total aceptación y beneplácito.

El otro actor estatal clave en la denominada “geopolítica de vacunas” fue Rusia. La Sputnik V reflejó la disposición de la nación euroasiática para retomar vestigios científicos de la “golden age” soviética (el rápido desarrollo de una vacuna efectiva) con una economía débil (dificultades de escala en la producción) y un profundo recelo por parte de la comunidad internacional, en particular de la Unión Europea. Esto último se manifestó en la no inclusión de Sputnik V como vacuna válida para los denominados pasaportes sanitarios, así como en la no validación por la propia OMS. La pequeña escala, los incumplimientos y los atrasos en la producción de la vacuna -tal como lo experimentó la Argentina- muestran que Rusia es un gigante con “pies de barro”. Ello representa un enorme limitante para proyectar poder en términos de influencia a nivel planetario.

Respecto de la Unión Europea, la pandemia constituyó un nuevo recordatorio de su debilidad –con relación a los dos gigantes- y su poder declinante. Presa, una vez más, de las asimetrías al interior del bloque y de la carencia de un liderazgo que permita fortalecer un proyecto verdaderamente europeo, quedó rezagada en el desarrollo de vacunas efectivas. En consecuencia, la Unión Europea no sólo no logró gravitar externamente sino que incluso fue tardía en responder plenamente a sus propias necesidades internas.

Otro caso interesante es el de India, un país con capacidades científicas y productivas largamente probadas en el campo farmacéutico (20% de sus exportaciones) pero con serias limitaciones de infraestructura doméstica que le impidieron proyectar poder hacia afuera y jugar un rol relevante en la solución de la crisis sanitaria. En consecuencia, lejos de jugar un rol global en la solución de la crisis sanitaria, India se constituyó rápidamente en uno de los principales epicentros de la pandemia con una gran cantidad de muertos y una elevada circulación viral. Las urgencias domésticas estuvieron al tope de su agenda.

Como conclusión se señala que la pandemia expuso algo que ya sabíamos, EE.UU. y China son los únicos actores estatales con capacidad suficiente para proveer bienes públicos globales a escala planetaria.

La COVID-19 irrumpió en un contexto sumamente crítico y desafiante para el mundo, signado por un proceso estructural de disputa por el poder global entre las dos principales potencias del sistema. La conflictiva dinámica bilateral entre las dos superpotencias condicionó y condiciona fuertemente el éxito de la cooperación internacional, clave para sortear los desafíos impuestos por la pandemia.

Por su parte, China puso un fuerte énfasis en destacar su propia gestión de la pandemia y su capacidad de control, como contracara de los pobres resultados que evidenciaron -en este sentido- las principales potencias occidentales. Los debates y las diferencias en el seno de la OMS fueron un claro reflejo de la disputa de narrativas en curso así como también de la debilidad del multilateralismo para promover soluciones globales, otra característica de la política internacional ciertamente previa a la irrupción de la pandemia.

En el referido entorno, los demás países pudieron pivotear entre los distintos proveedores de vacunas. Auto-limitarse en este sentido y ensayar políticas de alineamiento estricto parece poco inteligente en esta etapa. La “geopolítica de las vacunas” no es más que un fiel reflejo de la dinámica de la política internacional y de la distribución de poder previa a la irrupción de la pandemia. Entender esto es condición para jugar el juego de la mejor manera. Mirar el mundo es la clave para estar en él.

 

2.- Segundo artículo: Escenarios previsibles frente a las amenazas evolutivas en las nuevas variantes del SARS-CoV-2 (2)

El actual panorama de la pandemia COVID-19 parece mostrar que el virus SARS-CoV-2 evolucionó para eludir relativamente los anticuerpos humanos, se tornó algo más virulento y bastante más infeccioso.

La cepa Delta es tan diferente del virus que apareció en Wuhan, China, a fines de 2019, que muchos países se han visto obligados a cambiar su planificación ante la pandemia. Los gobiernos están luchando para acelerar los programas de vacunación mientras prolongan o reintroducen diversas medidas de salud pública.

Con la aparición de Delta parecería imposible lograr la inmunidad colectiva mediante la vacunación masiva. El hecho de haberse alcanzado, en algunas regiones, suficiente inmunidad en la población podría presionar al virus para adaptarse aún más en su evolución. Al mismo tiempo, el hecho de que gran parte del mundo esté aún abrumado por la infección implica, para el virus, oportunidades de replicarse y producir nuevas mutaciones. Si bien las actuales vacunas COVID-19 han mantenido -hasta ahora- su efectividad, la historia muestra que el virus podría evolucionar para eludir sus efectos.

Cada mutación implica un pequeño ajuste en las instrucciones sobre cómo producir proteínas. La propagación de cada mutación depende de cómo les vaya a los virus que portan esas proteínas modificadas. La gran mayoría de las mutaciones no da ninguna ventaja al virus y es difícil identificar las que sí lo hacen. El cambio más sorprendente en el SARS-CoV-2 ha sido, hasta ahora, su capacidad mejorada para propagarse entre humanos. En algún momento temprano de la pandemia, el SARS-CoV-2 adquirió una mutación llamada D614G que lo tornó más infeccioso. Esa versión se extendió por todo el mundo. Luego, a fines de 2020, se identificó una nueva variante, ahora llamada Alpha, en pacientes en Kent, Reino Unido, que era aproximadamente un 50% más transmisible. Delta, visto por primera vez en India y ahora conquistando el mundo, es entre un 40% y un 60% más transmisible que Alpha. Otras dos variantes preocupantes, Beta y Gamma, representan un número menor de casos. Los investigadores nunca habían visto un virus completamente nuevo propagarse y evolucionar tan ampliamente en humanos.

Un intento de predicción

Aunque es imposible predecir cómo se desarrollará la infecciosidad, la virulencia y la evasión inmunológica en el corto plazo, resultan claros algunos de los factores que influirán en la trayectoria del virus. Por un lado, la inmunidad que se está construyendo rápidamente en la población reduce la probabilidad de que las personas se infecten y puede obstaculizar la replicación viral y, por tanto, el surgimiento de nuevas mutaciones.

Es probable que el mundo se halle en un punto de inflexión. Con más de 2 mil millones de personas que han recibido al menos una dosis de vacuna y cientos de millones más que se han recuperado del COVID-19, puede suponerse que será más difícil para el SARS-CoV-2 lograr grandes avances en la infecciosidad. Es difícil afirmar si ya se alcanzó ese estado.

La posibilidad de un escape inmunológico es preocupante porque podría obligar a la humanidad a actualizar sus vacunas continuamente, como sucede con la gripe. Sin embargo, las vacunas contra muchas otras enfermedades (por ejemplo: sarampión, poliomielitis y fiebre amarilla) se han mantenido efectivas durante décadas sin actualizaciones.

Lo ocurrido durante los últimos 20 meses debería aleccionar para nunca subestimar la evolución viral. Sería prudente ver a Alpha y Delta como pasos en una posible trayectoria que puede desafiar aún más nuestras respuestas de salud pública.

Referencias:

(1) “La “geopolítica” de las vacunas en el espejo de la política internacional” Por Esteban Actis & Nicolás Creus. Panamá. 17 de agosto 2021

(2)Evolving Threats: New SARS-CoV-2 variants have changed the pandemic. What will the virus do next?” By Kai Kupferschmidt. Science (American Association for the Advancement of Science). Aug. 19, 2021