Newsletter DPT Nro. 84

ISSN 2618-236X

Mayo / 2023

NOTICIAS DE INTERES GENERAL

Cómo aprovechar -a gran escala- la materia remanente de la industria alimentaria

Un desafío bioeconómíco

La comida es uno de los recursos más relevantes para nuestra vida. El valorar lo que ingerimos incluye prestar atención a su ciclo completo y aprovechar los remanentes (sobras domésticas y residuos del procesamiento industrial de alimentos). Por ejemplo, los residuos derivados de la extracción del mosto del vino, del aceite de oliva, de la malta de la cebada cervecera o del procesamiento de la soja pueden tener una segunda vida como sustancias de alto poder antioxidante y protector de las células. El bagazo (lo que queda de las uvas tras extraer su jugo), el orujo (el pellejo residual tras la fabricación del aceite de oliva) y la okara (o pulpa de soja) son residuos orgánicos que, por sus propiedades, pueden utilizarse como ingredientes de otros alimentos procesados o de suplementos dietéticos. Asimismo, tanto la piel del tomate como las cáscaras de huevo son eficaces como sustitutos del caucho. También son útiles las cáscaras de papa y batata, el suero del queso y otras materias de desecho procedentes del tratamiento industrial de alimentos, para obtener biogás, electricidad o fertilizantes orgánicos.

El hallar nueva utilidad a los millones de toneladas de residuos que, anualmente, se vierten en alcantarillas o se acumulan en vertederos, podría contribuir significativamente en la lucha contra el calentamiento global. Un estudio desarrollado por un equipo de la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.) (1) propone formas rentables de utilizar residuos industriales -varias de ellas aplicables al sector de la alimentación- que permitirían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Se trata de desechos que, “de otra manera, no tendrían valor o incluso representarían un drenaje de recursos para deshacerse de ellos”, explica, en la presentación, Katrina Cornish, autora del estudio y profesora en la Universidad Estatal de Ohio (EE UU). Esta investigadora, especializada en materiales bioemergentes, destaca a la Bioeconomía como una disciplina indispensable para implementar nuevos modelos de negocio con base en experiencias exitosas en el sector industrial alimentario.

Para este trabajo, se recolectaron 46 muestras de desechos industriales, incluidas 14 muestras provenientes de grandes compañías de procesamiento de alimentos de Ohio. Las muestras se dividieron en 4 amplias categorías: (a) vegetales, (b) restos ricos en grasas, (c) lodos industriales, y (d) almidón. Se caracterizaron las propiedades físicas y químicas del contenido de las muestras y se verificó que algunos desechos con almidón eran buenos candidatos para la fermentación en plantas de acetona química (que se usa en la fabricación de plásticos, fibras y medicamentos, entre otros).

La autora principal del estudio e investigadora de la Universidad del Estado de Ohio, Beenish Saba, señala que “existe un amplio margen para el desarrollo de productos de base biológica”, lo que, por supuesto, incluye “el uso de biorresiduos como componentes de materiales y procesos”. Por otro lado, destaca, “la licuefacción termoquímica y la digestión anaeróbica evitan la necesidad de secar los desechos antes de su uso y deben explorarse en este contexto”.

Este trabajo, que -según su autora- se orienta hacia el objetivo de la Environmental Protection Agency estadounidense de reducir al 50% el desperdicio de alimentos en 2030, focaliza en una de las claves metodológicas para reducir esa pérdida: la valorización de los desechos alimentarios. Consultada sobre las mejores oportunidades de aprovechamiento a gran escala de este tipo de residuos, Saba sostiene que “la construcción de una biorrefinería para la fermentación o la electrofermentación de desechos para producir compuestos químicos podría representar esa oportunidad”.

Ya hay productores que -en respuesta a requerimientos del gobierno federal- están rastreando datos del impacto ambiental de la disposición de sus residuos. Cabría esperar que algunos de ellos estén dispuestos a trabajar conjuntamente con investigadores universitarios para analizar qué enfoques podrían funcionar para sus desechos, cuáles serían los menos lesivos y preferiblemente rentables en términos financieros, y los que también minimicen su huella de carbono. Dado que la valorización de desechos permite reducir los costos de su gestión y las emisiones de gases vinculadas al vertido o eliminación de los mismos, se señala que la industria debería apoyar la investigación universitaria en ese campo. Asimismo, el compromiso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas podría inspirar a las agencias de protección ambiental para desarrollar planes de financiamiento de la investigación en esta área por parte de universidades e institutos de investigación.

Si bien las tecnologías de conversión propuestas requieren energía para operar y también producen otros desechos secundarios, el modelo de valorización sienta las bases para renovados análisis del ciclo de vida completo de los alimentos y sus residuos, que ayudarían a cuantificar los beneficios ambientales de la reducción de desechos a gran escala. Beenish Saba apuesta, finalmente, por ampliar la comunicación de los avances científicos a los gestores públicos y a la población en general para “crear conciencia” acerca del rendimiento que pueden ofrecer los residuos alimentarios.

(1) Fuente primaria 1: “Characterization and potential valorization of industrial food processing wastes” lBeenish Saba, Ashok K. Bharathidasan, Thaddeus C. Ezeji, Katrina Cornish. Science of The Total Environment. Volume 868, 10 April 2023, 161550. DOI::10.1016/j.scitotenv.2023.161550

Fuente primaria 2:

The Role of Salt Tectonics in the Energy Transition: An Overview and Future Challenges. Oliver Duffy, Michael Hudec, Frank Peel, Gillian Apps, Alex Bump, Lorena Moscardelli, Tim Dooley, Shuvajit Bhattacharya, Kenneth Wisian, Mark Shuster. Tektonika. Vol. 1 No. 1 (2023) / Articles. DOI: 10.55575/tektonika2023.1.1.11

Fuente secundaria: “Cómo aprovechar a gran escala los restos de la industria alimentaria” Boletín SINC. Analía Iglesias. Ciencias de la Tierra y del Espacio. 5 de marzo: Día Mundial de la Eficiencia Energética