Newsletter DPT Nro. 85

ISSN 2618-236X

Junio / 2023

NOTICIAS CIENTIFICAS
NOTICIAS CIENTIFICAS INTERNACIONALES

Control cerebral de enfermedades

Un fértil campo de investigación traslacional

Muchos médicos y pacientes han testimoniado, durante mucho tiempo, acerca del efecto de las actitudes y pensamientos sobre la progresión de la enfermedad. Pero las evidencias han sido, en gran medida, anecdóticas o correlacionales, sin haberse identificado aún las vías a través de la cual ocurre tal efecto.

Con base en el amplio espacio de oportunidades que esta área ofrece para aportes de biotecnología y bioingeniería, la presente reseña comprende nueve artículos vinculados con la referida temática. El primer artículo (1) trata sobre cómo nuestro cerebro controla cómo nos enfermamos y cómo nos recuperamos. En el segundo (2) se aborda el rol del sistema nervioso en las reacciones alérgicas severas. En el tercero (3) se enuncian, con base empírica, los beneficios verificados de la música en la UCI. El cuarto (4) trata sobre una zona del cerebro que funciona como vínculo entre mente y cuerpo. El quinto (5) se refiere al poder del placebo. El sexto (6) aborda la relación entre síntomas, placebo y cerebro bayesiano. El séptimo (7).trata sobre el poder de la comunicación postural. En el octavo (8) se sintetiza una entrevista del Boletín DPT al Dr. Luis Antonio Chiozza sobre la interpretación del significado inconsciente de las enfermedades del cuerpo. En el noveno (9) se presenta un caso de enfermedad considerada, quizás erróneamente, como puramente psicológica.


1.- Primer artículo: Cómo nuestro cerebro controla cómo nos enfermamos y cómo nos recuperamos (1)

Hedva Haykin, en Technion, el Instituto de Tecnología de Israel en Haifa, se propone verificar si estimular una región del cerebro involucrada en la emoción y la motivación positivas puede influir en la curación de lesiones del corazón. Haykin, junto con sus supervisores, Asya Rolls, neuroinmunóloga, y Lior Gepstein, cardiólogo, tratan de averiguar cómo sucede esto. Con base en sus experimentos hasta el momento, la activación de un centro de recompensa cerebral, llamado área tegmental ventral (VTA), parece desencadenar cambios inmunológicos relevantes.

Este estudio tiene sus raíces en décadas de investigación acerca de la contribución del estado psicológico de una persona a la salud de su corazón. Se sabe que un evento extremadamente estresante puede generar los síntomas de un ataque cardíaco (“síndrome del corazón roto“) y, en ciertos casos, resultar fatal. Por lo contrario, una actitud positiva puede conducir a mejores resultados en personas con enfermedades cardiovasculares. Pero los mecanismos que subyacen a estas relaciones continúan siendo esquivos.

Rolls desea aportar una explicación precisa del fenómeno de la influencia de nuestros estados mentales sobre nuestras enfermedades y nuestra recuperación. Ello permitiría aprovechar el poder de la mente sobre el cuerpo y ayudar a impulsar el “efecto placebo” para destruir cánceres, mejorar las respuestas a las vacunas e incluso revalorizar enfermedades en las que, durante siglos, se descartó la influencia psicológica, dice.

Existen múltiples líneas de comunicación entre los sistemas nervioso e inmunológico, desde pequeños circuitos locales en órganos como la piel, hasta rutas de mayor alcance que comienzan en el cerebro, con funciones en una amplia gama de enfermedades, desde la autoinmunidad hasta el cáncer. Algunas partes del sistema nervioso, como el nervio vago, han inspirado tratamientos para varias enfermedades autoinmunes. El nervio vago conecta al tronco cerebral con casi todos los órganos esenciales del cuerpo (corazón, pulmones, estómago, intestinos, páncreas, hígado, riñones, bazo y vesícula). Es como una crítica autopista (con unas 100.000 fibras nerviosas) que va desde el cerebro hasta los referidos órganos. El 80% de esos “cables” son sensores, lo que significa que el nervio vago reporta al cerebro lo que ocurre en los referidos órganos.

Durante más de un siglo, se vienen encontrando indicios de una estrecha relación entre los sistemas nervioso e inmunológico. Pero recién a finales de la década de 1990 pudo explorarse –con el advenimiento de nuevas herramientas- cómo el nervio vago, y el resto del sistema nervioso, dirigen las respuestas inmunitarias. Se documentaron grupos de células neuronales e inmunitarias en varios tejidos y se descubrió cómo trabajan juntas para detectar daños y movilizar reacciones inmunitarias.

Muchos investigadores esperan precisar cómo los estados mentales influyen en las respuestas inmunitarias, así como en la supervivencia de las personas con cáncer. Para probar el vínculo, Rolls, Hakim y su equipo se acercaron al VTA, la misma región a la que se dirigieron en el estudio de ataque cardíaco y en un experimento anterior que analizó la infección bacteriana. Esta vez se centraron en ratones con tumores de pulmón y piel. La activación de las neuronas en el VTA redujo notablemente los cánceres.

El neurocientífico Jeremy Borniger del Laboratorio Cold Spring Harbor en Nueva York y sus colegas también descubrieron que la activación de las neuronas en el hipotálamo del ratón puede generar una respuesta inmune y ahora están examinando cómo la manipulación de estas células puede alterar el crecimiento de los tumores. Algunos grupos esperan replicar sus hallazgos en humanos. El equipo de Swirski, por ejemplo, planea usar herramientas como la realidad virtual para manipular los niveles de estrés de las personas y ver cómo eso cambia la respuesta inmune.

Koren y Rolls están trabajando con Talma Hendler, neurocientífica y psiquiatra de la Universidad de Tel Aviv en Israel, para verificar si estimular el sistema de recompensa en el cerebro de las personas antes de que reciban una vacuna puede mejorar su respuesta inmunológica. En lugar de estimular el cerebro directamente, utilizan un método llamado neurofeedback, en el que las personas aprenden a observar y controlar su propia actividad cerebral.

El camino a la clínica

Rolls y Ben-Moshe (director ejecutivo de Biond Biologics, una empresa biofarmacéutica con sede en Israel) prevén aprovechar las tecnologías existentes de estimulación cerebral (como la estimulación magnética transcraneal, o el ultrasonido focalizado) para modular el sistema inmunológico de las personas con cáncer, enfermedades autoinmunes u otras condiciones.

Las terapias dirigidas al nervio vago están más cerca de la clínica. Una empresa cofundada por Tracey, SetPoint Medical en Valencia, California, está probando estimuladores del nervio vago (del tamaño de una pastilla), implantados a nivel del cuello, en enfermedades autoinmunes como la de Crohn, la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide.

Es hora de que tanto los investigadores como los médicos aborden sistemáticamente el vínculo entre psicología y fisiología. ¿Cuánto tiempo más podemos ignorar lo que hay allí? dice Rolls.


2.- Segundo artículo: El sistema nervioso podría desempeñar un rol central en las reacciones alérgicas severas (2.1.) (2.2.)

En algunas personas, los maníes pueden provocar una reacción alérgica peligrosa, caracterizada por una fuerte caída de la temperatura corporal y la presión arterial, así como dificultad para respirar. Si bien este shock anafiláctico se atribuye generalmente a una reacción excesiva del sistema inmunitario, un nuevo estudio en ratones identifica el rol adicional del sistema nervioso. En EE.UU. la anafilaxia ataca -cada año- a 1 de cada 50 personas. Además del maní, las picaduras de abejas y algunos medicamentos son alérgenos que hacen que los mastocitos del sistema inmunitario liberen una andanada de histamina y otras moléculas que se esparcen por todo el cuerpo, dilatando los vasos sanguíneos, estrechando las vías respiratorias y disminuyendo la temperatura corporal.

Los ratones también experimentan anafilaxia. El equipo de investigación proporcionó a ratones ovoalbúmina (un desencadenante de anafilaxia) y usó electrodos y microscopía para registrar y medir la actividad neuronal. Al igual que en los humanos, la temperatura corporal de los roedores bajó unos 10°C. Durante la anafilaxia real, los mastocitos parecen ser la clave de este fenómeno. El equipo descubrió que, además de las histaminas, las células liberan un compuesto llamado quimasa, que interactúa con las neuronas que se conectan con las áreas del cerebro que regulan la temperatura corporal. Cuando el equipo bloqueó la liberación de quimasa, los animales ya no redujeron su temperatura corporal en respuesta al alérgeno.

Dado que los inmunólogos pensaron, durante mucho tiempo, que la histamina era el factor principal en la anafilaxia, sorprendió que la quimasa y el sistema nervioso también pudieran desempeñar un papel importante. El estudio podría proporcionar nuevos objetivos para tratar la anafilaxia en humanos. Los medicamentos que bloquean la comunicación entre las células inmunitarias y las neuronas, al dirigirse a la quimasa o los receptores que activa en las neuronas, podrían ayudar a las personas que sufren reacciones alérgicas graves. Dado que estos se enfocarían en la causa raíz de la reacción, en lugar de solo aliviar los síntomas, esta podría ser una mejor estrategia preventiva.

La diafonía entre los sistemas inmunológico y nervioso también podría desempeñar un papel en otras reacciones graves, así como en la sepsis (la respuesta extrema del cuerpo a una infección). Al igual que con la anafilaxia, en la sepsis, las células inmunitarias liberan moléculas inflamatorias que pueden dañar los órganos y, en algunos casos, provocar la muerte. Si bien tales aplicaciones son aún lejanas, el estudio podría impulsar la investigación en el campo”.

 

3.- Tercer artículo: Beneficios de la música en la UCI: Menos estrés, mejor ritmo cardíaco y mejor ánimo (3)

Un reciente estudio del Hospital de la Princesa (Madrid, España) sobre cambios en la actividad cerebral inducidos por el heavy metal en pacientes en la UCI, vuelve a poner el foco sobre sus beneficios; aun en los casos de mayor gravedad. La música tiene muchos beneficios verificados: desde Pitágoras, quien descubrió que podía calmar a las personas y “curar dolencias de cuerpo y alma”, hasta llegar a hallazgos más actuales que confirman que mejora el bienestar psicológico y clínico.

Así lo atestigua el Dr José Carlos Igeño, Jefe de Servicio de UCI y Urgencias en el Hospital San Juan de Dios de Córdoba, quien señala que la música es uno de los elementos que se vienen implantando para “humanizar” las UCI, pero marca la diferencia entre “poner música” a los pacientes y la musicoterapia a cargo de especialistas cualificados. En las UCI, explica Igeño, la música debe adecuarse a las necesidades de cada paciente: si está o no sedado, intubado, conectado a un respirador… Antes de aplicarla, se entrevista a la familia o, si la persona puede comunicarse, se le pregunta por sus gustos y preferencias musicales. Todo depende de las necesidades y la historia musical del paciente.

Los médicos intensivistas perciben que “la música mejora el estado de ánimo y las actitudes de los pacientes para afrontar la enfermedad crítica, reduce la percepción del dolor, mejora estados depresivos y la ansiedad dentro de la UCI”; “Tiene efectos favorables en la frecuencia cardiaca, en la presión arterial, el sistema inmune y otras constantes vitales en pacientes que han sufrido un infarto”. Pero además se ha verificado que “los pacientes conectados tienen menor necesidad de analgésicos y que se acelera el tiempo de separación del respirador porque mejoran sus parámetros fisiológicos (algunos relacionados con capacidad pulmonar) y esto también puede disminuir la necesidad de ventilación mecánica y, por tanto, de la estancia en la UCI”.


4.- Cuarto artículo: Una zona del cerebro funciona como vínculo “literal” entre cuerpo y mente (4.1.) (4.2.)

El estudio aquí reseñado -liderado por investigadores de la Facultad de Medicina de la Washington University in Saint Louis (Missouri, EE.UU.)- revela que la conexión entre el cuerpo y la mente está integrada en la propia estructura del cerebro. Los resultados indican que partes del área cerebral que controla el movimiento están conectadas con redes implicadas en el pensamiento y la planificación, así como en el control de funciones corporales como la presión arterial y el ritmo cardíaco.

La evidencia de esta red podría ayudar a explicar fenómenos como por qué la ansiedad hace que algunas personas se paseen de un lado a otro, o por qué estimular el nervio vago, que regula funciones orgánicas internas como la digestión y el ritmo cardiaco, puede aliviar la depresión. Según los autores, los hallazgos representan un “vínculo literal” entre cuerpo y mente en la propia estructura del cerebro. También se explicaría por qué las personas que hacen ejercicio físico regularmente manifiestan una visión más positiva de la vida. “Las personas que meditan dicen que al calmar el cuerpo, por ejemplo con ejercicios de respiración, también se calma la mente”, señala Evan M. Gordon, primer autor del trabajo. Según el investigador, el estudio precisa el lugar en el que la parte de la mente más activa y orientada a objetivos se conecta con las partes del cerebro que controlan la respiración y el ritmo cardíaco. El calmar una de ellas, debería tener efectos de retroalimentación en la otra”.

Para entender cómo se desarrolla y evoluciona la red escanearon los cerebros de un recién nacido, un niño de un año y un niño de nueve años. La red no era detectable en el recién nacido, pero era claramente evidente en el niño de 1 año y casi adulta en el de 9 años. “Es posible que comience como un sistema más sencillo para integrar el movimiento con la fisiología, de modo que no nos desmayemos, por ejemplo, al ponernos de pie”, explica Gordon. Pero a medida que evolucionamos hasta convertirnos en organismos que piensan y planifican de forma mucho más compleja, el sistema va mejorando para incorporar elementos cognitivos muy complejos.


5.- Quinto artículo: El poder del placebo (5.1.) (5.2) (5.3.)

Se denomina “placebo” a un tratamiento que –en sí- carece de acción curativa, pero produce un efecto terapéutico si el paciente lo adopta convencido de su eficacia. El “efecto placebo” está condicionado por la confianza del paciente en el tratamiento y en quien lo indica. La clave reside en hacer que las actitudes, creencias y pensamientos positivos del paciente sean más “reales” que su estado clínico. Dado que el cerebro no distingue entre lo uno y lo otro, el paciente cambiará la percepción de su realidad al creer que lo que desea está ocurriendo. Si ese efecto se logra suficientes veces, el cuerpo se transformará y se producirán cambios epigenéticos como si la situación imaginada ya se hubiera materializado.

¿Podría ser que muchos fármacos o incluso intervenciones quirúrgicas funcionen mejor porque nos han estado condicionando una y otra vez para creer en sus efectos, cuando si no fuera por el efecto placebo esos medicamentos no funcionarían tan bien o incluso no lo harían en absoluto? Con relación a nuestra salud, gran parte de lo que pensamos se materializa a través de la asombrosa farmacopea disponible en nuestros cuerpos y que se alinea -de manera automática- con nuestros pensamientos. Pero, sin perjuicio de los múltiples hallazgos sobre el uso de placebo en medicina y los beneficios documentados por parte de pacientes que reciben tratamientos con placebo, aún resultan esquivos los mecanismos precisos que impulsan estas respuestas fisiológicas o efectos placebo.

En el artículo aquí reseñado la autora comenta su reciente entrevista con Ted J. Kaptchuk (figura destacada en estudios de placebo) sobre las dimensiones humanas de la atención, la neurobiología y la genética de los efectos placebo, los estudios abiertos con placebo y el uso ético de placebos en la práctica clínica. Kaptchuk y sus colegas descubrieron que 15 de las categorías de medicamentos, “incluidos los analgésicos, los supresores del apetito y los antidepresivos“, se correlacionaron significativamente con el placebo.

Al principio de su carrera, Kaptchuk investigó el uso de placebos en entornos de doble ciego y en situaciones engañosas de laboratorio, pero se sentía cada vez más inquieto con cada artículo publicado: “Estaba proporcionando placebos por ocultación, algo similar al engaño, que no era éticamente aceptable en la atención clínica, aun en un escenario doble ciego”. “En el mundo médico farmacocéntrico, en el cual vivimos, los efectos placebo están aún contaminados por la noción de engaño”. En un esfuerzo por alterar la percepción de engaño asociada conceptualmente al placebo, Kaptchuk llevó a cabo una serie de estudios de placebo “honestos” o de “etiqueta abierta”, mediante los cuales: (a) el placebo se revela completamente como tal ante los participantes en la investigación, (b) se proporciona a los participantes placebos honestos (con consentimiento informado), y (c) se comparan sus datos con un control sin tratamiento, lo cual permite apreciar en qué medida funciona el “placebo honesto” con relación a los controles sin tratamiento.

En un artículo de Plos One, publicado en diciembre de 2010, Kaptchuk y sus colegas compartieron los resultados de un estudio aleatorizado y controlado de 3 semanas en un solo centro diseñado para investigar si la administración no engañosa y no oculta de placebo (“placebo de etiqueta abierta”) resultaba superior a un control sin tratamiento, en 80 pacientes con sindrome de intestino irritable (SII). Los autores encontraron que “los pacientes que recibieron “placebo de etiqueta abierta” en el contexto de una relación de apoyo entre el médico y el paciente y una justificación persuasiva tuvieron una mejoría clínica de los síntomas que fue significativamente mejor que la del grupo de control sin tratamiento”. Desde este ensayo con pacientes SII, que se cree que fue el primer estudio aleatorizado y controlado que compara un “placebo de etiqueta abierta” con un control sin tratamiento, Kaptchuk dirigió al menos 7 estudios más no engañosos de placebo. Según el investigador, todo esto se relaciona con el procesamiento neuronal de los síntomas. “El cerebro bayesiano, un sistema sumamente complicado; está relacionado con la forma en que el cerebro calcula, no es un proceso consciente”.

En opinión de Kaptchuk, la gran pregunta es: “¿Por qué tenemos un prejuicio, un sesgo, en contra de una forma de curación que parece tener un notable valor potencial?” Kaptchuk cierra la entrevista diciendo: “He sido un estudioso del placebo durante años, vengo luchando con él, pero sé que hay algo útil allí, y mi trabajo es, en última instancia, llevarlo desde los márgenes a una cuestión central de la medicina y en la curación.”


6.- Sexto artículo: Síntomas, placebo y cerebro bayesiano (6)

El modelo biomédico estándar de la percepción de los síntomas trata al cerebro, en gran parte, como un órgano que concentra las señales sensoriales del cuerpo y las convierte en experiencia consciente. Como consecuencia, la biomedicina funciona bajo el supuesto de que los síntomas son las consecuencias directas de la disfunción fisiológica y la mejoría es la consecuencia directa de la restauración de la función corporal. Sin perjuicio de su éxito, este modelo biomédico no ha proporcionado una explicación adecuada de 2 fenómenos bien demostrados en medicina: (a) La experiencia de los síntomas sin alteración fisiopatológica, y (b) La experiencia de alivio después de la administración de tratamientos con placebo.

La revisión aquí reseñada promueve la idea de que el “procesamiento predictivo” o el enfoque bayesiano (*) de la percepción, que se está afianzando rápidamente en la neurociencia, ayuda significativamente a acomodar estos dos fenómenos, ya que: (a) expande el trabajo empírico reciente sobre el procesamiento predictivo, y (b) describe cómo los modelos bayesianos ofrecen una imagen completamente diferente de cómo el cerebro percibe los síntomas y el alivio.

El cerebro bayesiano

El sistema nervioso recibe un flujo continuo y potencialmente abrumador de señales provenientes de nuestro cuerpo y sentidos. A los fines de la adaptación, el cerebro debe convertir este juego confuso de entradas sensoriales y disparos neuronales en una percepción confiable del estado de nuestros cuerpos. Si bien las teorías anteriores, en línea con el modelo biomédico actual de la enfermedad, consideraron a la percepción principalmente como una lectura de abajo hacia arriba de las señales sensoriales, los modelos bayesianos emergentes sugieren, en cambio, que la percepción está modulada cognitivamente (en su mayor parte inconscientemente), y podría considerarse mejor un proceso de predicción, basado en una integración de entradas sensoriales, experiencia previa y pautas contextuales.

La sugerencia clave es que, para percibir el mundo, el cerebro “sigue” una teoría de probabilidad conocida como la regla de Bayes. En escalas de tiempo breves, el cerebro implementa predicciones bayesianas generando continuamente una cascada de arriba hacia abajo de hipótesis codificadas neurológicamente (en su mayoría no conscientes) sobre el estado del cuerpo y el mundo. Pero como este flujo de hipótesis de arriba hacia abajo se encuentra con la corriente de abajo hacia arriba de entradas sensoriales, cualquier desajuste entre ambas corrientes da como resultado un “error de predicción”, lo que incita al sistema a revisar sus hipótesis. La percepción de abajo hacia arriba es, por lo tanto, inseparable de la predicción de arriba hacia abajo.

A lo largo de la vida, el sistema nervioso se involucra en la actualización continua de estos antecedentes para predecir mejor las siguientes entradas sensoriales entrantes y minimizar el error. Una implicación central de la teoría es que lo que percibimos no es el mundo como realmente es, sino la mejor suposición del cerebro, refinado continuamente por la evidencia sensorial entrante. La interacción entre las predicciones descendentes y las señales ascendentes se modula de manera flexible por la “precisión” de las hipótesis y la evidencia sensorial.

Percepción de los síntomas y “síntomas sin explicación médica”

Sentimos dolor porque predecimos que estamos sufriendo, sobre la base de una integración de entradas sensoriales, experiencias previas y señales contextuales. La experiencia de los síntomas surge de la inferencia de que el cuerpo se ha desviado de las constantes fisiológicas que definen la salud. Desde una perspectiva bayesiana, la experiencia de la salud depende del hecho de que mantenemos una hipótesis general de “condición corporal saludable” que explica un cierto rango de variaciones normales en la información somática. Mientras estas variaciones se mantengan dentro de los límites predichos por la hipótesis de la “condición corporal saludable”, el cerebro las trata como “ruido” y no se percibe ningún síntoma. Cuando un sujeto se encuentra inesperadamente con un cierto estímulo doloroso por primera vez, la hipótesis en curso de que el sistema está sano se revisa rápidamente al encontrar evidencia sensorial inequívoca que se aleja de él. Dado que el sistema no ha tenido una exposición previa al estímulo, las señales sensoriales tienen una mayor precisión con respecto a las hipótesis anteriores y, por lo tanto, un mayor impacto en la percepción. Por eso, en los casos de disfunción localizada y dolor agudo, encontramos una alta correlación entre la fisiopatología y la percepción de los síntomas.

Un resultado importante de la teoría es que todos los síntomas son producto de un proceso inferencial que nunca es estrictamente reducible a la disfunción fisiológica y, a veces, solo se relaciona de forma flexible o no. Los síntomas “explicados” e “inexplicados” se encuentran en un continuo, que difiere solo en la medida en que están acoplados a un trastorno orgánico. Dado que el mismo proceso inferencial está implicado en ambos casos, la teoría también explica por qué los llamados síntomas “reales” e “imaginarios” parecen ser fenomenológicamente indistinguibles desde el punto de vista del paciente.

Alivio de los síntomas y efecto placebo

Una historia similar, si se invierte, se aplica al alivio de los síntomas. Desde la perspectiva bayesiana, la recuperación no es la consecuencia directa de la restauración de la función corporal, sino que es el proceso de inferir que ciertos cambios interoceptivos son signos de que se está produciendo esta mejora. La hipótesis en curso de que estamos enfermos debe ser revisada al encontrar evidencia de estar volviendo a una “condición corporal saludable”. Sin embargo, esta revisión de hipótesis suele ser más lenta o difícil si la persona no recibe ninguna indicación externa de que la mejora está en marcha. Sin recibir esta información, el cerebro podría explicar la variación en la información interoceptiva que sigue a una intervención médica efectiva como mero “ruido” y adherir a una hipótesis de dolor continuo. Muchos elementos del contexto terapéutico pueden desempeñar un papel en la mejora de las predicciones de bienestar, especialmente en situaciones crónicas. Los experimentos han demostrado que las sugerencias verbales de atención y apoyo comunicadas por un médico de confianza son fundamentales para obtener los efectos del placebo.

Conclusiones

  • Los síntomas sin causa física y el alivio a través de la intervención con placebo son anomalías para el modelo biomédico de la enfermedad.
  • El enfoque bayesiano de la percepción explica y acomoda estos dos fenómenos. Expone los efectos placebo y nocebo, no como eventos aberrantes, sino como facetas del modus operandi general del sistema nervioso.
  • También muestra que estos actúan en los mismos procesos inferenciales que la enfermedad “real” y los tratamientos “reales”.
  • La implicación de este enfoque es que, para centrarse verdaderamente en el paciente, la medicina debe atender el proceso predictivo que se encuentra en la base de la percepción de los síntomas, y luego evaluar qué cursos de acción eficientes pueden llevar al cerebro a predecir la salud del cuerpo.

(*) La lógica bayesiana se denomina así en homenaje al reverendo Thomas Bayes quien la describió (póstumamente) en 1763.


7.- Séptimo artículo: El poder de la comunicación postural (7.1) (7.2)

¿En qué medida nuestra postura corporal comunica emociones hacia afuera y hacia nosotros mismos? En un estudio, Van Cappellen y sus colegas estudiaron el papel de la postura corporal en la expresión de emociones de una manera novedosa. Con base en los resultados del estrudio, Van Cappellen señaló: “Estamos encontrando que la producción de expresión de las emociones es una experiencia de cuerpo completo”.

Estos hallazgos plantean una pregunta: ¿Las posturas solo comunican nuestros sentimientos o ponernos en una postura particular podría cambiar la forma en que nos sentimos? Para averiguarlo, Van Cappellen y su equipo colocaron sensores a las personas para medir su sistema nervioso y su función cardíaca y se les pidió que adoptaran una de tres poses: (a) manos y cabeza levantadas; (b) manos cruzadas al frente, cabeza mirando hacia abajo; o (c) brazos a los costados y mirando al frente. Para que los participantes no supieran que los investigadores estaban interesados en sus posturas, se les dijo que el experimento se refería a respuestas emocionales y fisiológicas de las personas con relación a la música, y escucharon música emocionalmente neutra mientras mantenían sus poses durante 2 minutos. Los resultados mostraron que los participantes con los brazos y cabeza levantados experimentaron la música como más positiva y tuvieron sensaciones más favorables, en general, que los que estaban en otras poses.

“Este estudio muestra que asumir determinadas posturas puede crear o construir una experiencia emocional”, dice Van Cappellen. “Una postura típica de alegría provoca más emociones positivas que otras posturas”. La investigación implica que así como nuestra postura corporal nos ayuda a expresar determinadas emociones, también puede ayudarnos a experimentar ciertas emociones. Esto podría tener consecuencias, no solo en el laboratorio, sino también en la vida real, donde es útil saber cómo nos sentimos nosotros y otras personas en una situación determinada. “La expresión de emociones es lo que permite las relaciones sociales, y estamos demostrando que potencialmente podríamos reconfigurarnos usando diferentes posturas” .

 

8.- Octavo artículo: Entrevista con el Dr. Luis Antonio Chiozza: interpretación del significado inconsciente de las enfermedades del cuerpo (8)

El fundamento conceptual de la práctica médica que actualmente predomina en Occidente surge de un modelo mecanicista que privilegia el hecho de que los fenómenos son efectos producidos por causas y prefiere ignorar que, al mismo tiempo, pueden ser interpretados por su significado, como la manifestación de una conducta que, en su mayor parte inconsciente, se dirige hacia un fin que funciona como un “atractivo”.

La visión unilateral de la enfermedad, como si únicamente fuera la descompostura de un mecanismo fisiológico relacionada con una alteración fisicoquímica (desestimando el hecho de que responde a una compleja realidad con indefinida causalidad lineal) sesga tanto la práctica terapéutica como la profilaxis, y conduce muy frecuentemente a un daño iatrogénico, como producto de una insistencia simplificadora que no presta suficiente atención a otros factores. Se explica así que la iatrogenia (que se diferencia de la “malapráxis médica” en que designa al perjuicio originado por una medicina consensualmente correcta) se haya constituido en EE.UU. en una de las principales causas de muerte. El creciente mecanicismo suele hoy conducir a que la persona enferma sea atendida por distintos especialistas y que cada uno de ellos prescriba medicamentos y tratamientos “parciales” sin que se enteren los demás profesionales. Dentro de ese panorama resulta razonable que las personas que han transitado diversas instancias diagnósticas y terapéuticas de la medicina convencional sin haberse sentido suficientemente escuchadas, miradas o comprendidas en “cuerpo y alma”, recurran -cada vez más- a orientaciones “no convencionales” de la medicina.

Las emociones (que se modulan en una parte del cerebro) se expresan y surgen “desde las vísceras”, inseparablemente unidas a las funciones de los distintos órganos. Lo afectivo impregna, de este modo, al organismo entero. No puede decirse, entonces, que hay enfermedades del cuerpo, y otras en las cuales participa el alma. La percepción (sensorial) “objetiva” incide en el significado (afectivo) “subjetivo” que se asigna a lo percibido, pero también es cierto que el significado condiciona a priori, el qué y el cómo se percibe o se siente la enfermedad.

El creciente reconocimiento de la influencia del estado anímico sobre la eficacia en el funcionamiento del sistema inmunitario, y del papel que la inmunidad representa en la evolución de una alteración estructural, ha contribuido a valorar mejor las posibilidades “terapéuticas” de la psicoterapia en las enfermedades. Cabe subrayar enfáticamente que las posibilidades de la psicoterapia tienen un alcance mucho mayor que el que surge de afirmar que en la eclosión y el decurso de un enfermedad participa un “factor psíquico” bajo la forma de disgustos, de “traumas” o de “estrés”. No sólo sucede que tales “factores” son demasiado inespecíficos, ya que se les atribuyen patologías muy diversas. Sucede además que se los concibe operando (como un factor más) dentro de una relación de causa-efecto, en lugar de comprender que lo psíquico define a la enfermedad (por su significado y su significancia) como una forma de lenguaje motivado por una intención. El enfermo es siempre un ser vivo animado por una vida subjetiva, y su enfermedad, más allá de que se la comprenda o no como un “mecanismo descompuesto”, forma parte de la trama que constituye la historia de su vida.

La indagación adecuada descubre -una y otra vez- que una persona enferma porque oculta una historia que no puede soportar y que su enfermedad representa, de un modo inconsciente, el intento de modificar el significado de esa historia. No se trata, sin embargo, de la clase de historia por la cual, habitualmente, pregunta el médico para obtener los datos de un estado que denomina “actual”, e inferir, desde allí, las características de un estado “anterior” y las posibilidades de un estado “futuro”. La historia clínica habitual es, en sentido amplio, fundamentalmente cronológica: una sucesión de hechos que permiten concebir e interpretar la evolución de un proceso en el cual se postula una causa antecedente y un efecto consecuente. No cabe duda de que la historia clínica convencional es valiosa, pero en el psicoanálisis nos encontramos, además, con otro tipo de historia cuyo significado esencial no emerge necesariamente de qué ocurrió primero y qué después. Se trata de una historia que no penetra en la conciencia como historia, sino como drama actual, porque está viva en cada acto y ocurre en un presente eterno. Una historia que se repite siempre de nuevo, como si fuera nueva.

Pueden escribirse, pues, dos historias clínicas distintas del suceso que motiva una consulta médica. Una de ellas, interpretándolo como un estado actual que proviene de causas pretéritas, describirá los antecedentes cuya concatenación conduce hacia el presente. La otra, interpretándolo como el signo que expresa, en un lenguaje críptico, un drama que el enfermo se oculta a sí mismo, compondrá la trama de una historia que integra a ese episodio, aparentemente accidental, en la coherencia de un sentido que recorre al conjunto entero de una biografía. Se trata, por lo tanto, de un modelo “histórico-lingüístico”

Decimos también que la historia que una persona no puede soportar, y que “la enferma”, es inseparable de su historia “entera”, pero su historia “entera” es inconmensurable y, por esa misma razón, incognoscible. Pero lo que nos proponemos interpretar es el sentido de la enfermedad, no el de la vida entera. Cuando renunciamos a la pretensión de una historia definitivamente “verdadera”, podemos comprender que cada una de las historias que nacen en nuestro campo de trabajo, cuando interpretamos el significado inconsciente (el sentido “lingüístico”) de las enfermedades del cuerpo, constituye un valioso fragmento de “la verdad” buscada.


9.- Noveno artículo: Hiperémesis gravídica: ¿Una enfermedad erróneamente caracterizada como psicológica? (9)

La hiperémesis gravídica es una enfermedad cuyos síntomas característicos incluyen náuseas y vómitos tan agudos e incesantes que pueden causar deshidratación, pérdida de peso, desequilibrios de electrolitos y requerir hospitalización. Sus consecuencias pueden ser devastadoras: En una reciente encuesta realizada a más de 5.000 pacientes con hiperémesis, el 52% había considerado la posibilidad de interrumpir un embarazo deseado, y el 32% declaró haber pensado en el suicidio.

El artículo aquí reseñado se refiere al caso de Marlena Fejzo, quien fue investigadora posdoctoral en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), y hoy es investigadora en el Departamento de Obstetricia y Ginecología de la Escuela de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California. Durante su segundo embarazo, a los 31 años, Fejzo sufrió hiperémesis gravídica, Estuvo tan enferma que no podía moverse sin regurgitar. No podía ir a trabajar ni cuidar de su primer hijo, ni ingerir siquiera una cucharadita de agua. Su tracto gastrointestinal vacío sufría espasmos tan violentos y prolongados que no podía respirar. “Cada momento de vida era una tortura”, afirma. “Mi médico pensaba que todo estaba sólo en mi mente; que las mujeres se hacen las enfermas durante el embarazo para ganar la empatía de sus esposos y reclamar la atención de sus padres”. Finalmente, su médico aceptó suministrarle nutrientes líquidos mediante catéter, pero a las 15 semanas de gestación, el corazón del feto dejó de latir. Fejzo quedó devastada. “Todo ese increíble sufrimiento para nada”, dijo.

Durante el último siglo, muchos médicos han afirmado que la hiperémesis es un intento subconsciente de “aborto oral” (“vomitar el embarazo”); una estrategia para liberarse de las estresantes responsabilidades domésticas, o una forma de llamar la atención. Como resultado, a menudo se culpó y castigó a las mujeres por manifestar esta enfermedad. Hasta el día de hoy, las pacientes hospitalizadas con esta enfermedad son, a veces, aisladas con la creencia de que ello contribuirá a la aceptación del embarazo, dijo Philippe Deruelle, profesor de obstetricia y ginecología de la Universidad de Estrasburgo. “Los costos de internación, medicamentos, atención médica en el hogar, días de trabajo perdidos y complicaciones como la depresión posparto son simplemente estratosféricos”.

Fejzo experimentó indignación por el hecho de que el médico culpara -por su sufrimiento- a su propia psiquis, y pensó que nada cambiaría mientras se desconociera la verdadera causa de la enfermedad. Fue así que decidió dedicar su vida a dilucidar esa causa. Como sabía que el análisis del ADN sería crucial para comprender la genética de la hiperémesis, en 2007 comenzó a recoger muestras de saliva de personas que habían padecido la enfermedad y de otras que no. Un puñado de mutaciones de genes se marcaron como diferentes de manera significativa, pero lo más sorprendente fue una que genera una proteína llamada Factor de Diferenciación de Crecimiento 15 (GDF15, por su sigla en inglés). La proteína GDF15 actúa en una parte del tronco encefálico que inhibe el apetito y desencadena el vómito y ya había sido demostrado que causaba pérdida de apetito y peso en pacientes con cáncer. Los niveles de esta proteína en sangre se incrementan de manera natural durante el embarazo. Los investigadores especulan que la GDF15 quizá haya evolucionado para ayudar a las embarazadas a detectar y evitar alimentos riesgosos que podrían dañar el desarrollo del feto durante los primeros meses de gestación. Sin embargo, en hiperémesis, este mecanismo -normalmente protector- prolifera a toda velocidad.

En 2011, Fejzo y sus colaboradores publicaron sus hallazgos en la revista American Journal of Obstetrics and Gynecology. Confirmaron allí el vínculo entre la hiperémesis y la GDF15 en las pacientes reclutadas durante una década de trabajo (los análisis fueron realizados gratuitamente por la empresa biotecnológica Regeneron). Descubrieron que las mujeres que tenían hermanas con hiperémesis presentaban un riesgo 17 veces mayor de desarrollar la enfermedad que las que no las tenían, lo que trajo una de las primeras pruebas claras de que la enfermedad podía trasmitirse de padres a hijos.

Fejzo observa ahora cómo varias empresas farmacéuticas han empezado a probar fármacos basados en la GDF15 para reducir las náuseas y mejorar el apetito en pacientes con cáncer, con resultados iniciales prometedores. Un número menor está trabajando en medicamentos similares para la hiperémesis. Entre ellas se encuentra una empresa recién creada llamada Materna Biosciences, que contrató a Fejzo como directora científica. La prueba de esos nuevos medicamentos en embarazadas podría mejorar las opciones de tratamiento para pacientes de hiperémesis y probar de manera definitiva que la abundancia de la proteína GDF15 es la causa principal de la enfermedad. Además, Fejzo tiene la esperanza de descartar finalmente la idea de que la enfermedad tiene base psicológica.

Referencias:

(1) “Your brain could be controlling how sick you get — and how you recover: Scientists are deciphering how the brain choreographs immune responses, hoping to find treatments for a range of diseases” By Diana Kwon. Nature 614, 613-615 (2023). 22 February 2023. DOI: 10.1038/d41586-023-00509-

(2.1.) Fuente primaria: “A mast cell–thermoregulatory neuron circuit axis regulates hypothermia in anaphylaxis” Chunjing Bao, Ouyang Chen, Huaxin Sheng, Jeffrey Zhang, Yikai Luo, Byron W. Hayes, Han Liang, Wolfgang Liedtke, Ru-Rong Ji, and Soman N. Abraham. Science Immunology. Vol 8, Issue 81. 17 Mar 2023. DOI: 10.1126/sciimmunol.adc9417

(2.2.) Fuente secundaria: “Nervous system may play role in severe allergic reactions: Mouse study finds crosstalk between immune cells and region of the brain that regulates temperatura” By Claudia Lopez Lloreda. Science. 17 Mar 2023. DOI: 10.1126/science.adh8504

(3) “Menos estrés, mejor ritmo cardíaco y más ánimo: el beneficio (comprobado) de la música en la UCI: Diversos estudios confirman que la actividad musical adaptada a cada paciente mejora el estado y bienestar de pacientes ingresados en la UCI” Por Nieves Salinas. El Periódico de España. Epe.es. 19 de marzo 2023

(4.1.) Fuente primaria: “A somato-cognitive action network alternates with effector regions in motor cortex” Evan M. Gordon, Roselyne J. Chauvin, Andrew N. Van, Aishwarya Rajesh, Ashley Nielsen, Dillan J. Newbold, Charles J. Lynch, Nicole A. Seider, Samuel R. Krimmel, Kristen M. Scheidter, Julia Monk, Ryland L. Miller, Athanasia Metoki, David F. Montez, Annie Zheng, Immanuel Elbau, Thomas Madison, Tomoyuki Nishino, Michael J. Myers, Sydney Kaplan, Carolina Badke D’Andrea, Damion V. Demeter, Matthew Feigelis, Julian S. B. Ramirez, Ting Xu, Deanna M. Barch, Christopher D. Smyser, Cynthia E. Rogers, Jan Zimmermann, Kelly N. Botteron, John R. Pruett, Jon T. Willie, Peter Brunner, Joshua S. Shimony, Benjamin P. Kay, Scott Marek, Scott A. Norris, Caterina Gratton, Chad M. Sylvester, Jonathan D. Power, Conor Liston, Deanna J. Greene, Jarod L. Roland, Steven E. Petersen, Marcus E. Raichle, Timothy O. Laumann, Damien A. Fair & Nico U. F. Dosenbach. Nature (2023). Article. Open Access. Published: 19 April 2023. DOI: 10.1038/s41586-023-05964-2

(4.2.) Fuente secundaria: “Una zona del cerebro funciona como “vínculo literal” entre cuerpo y mente” Boletín SINC. 20/4/2023

(5.1.) “The placebo response” by Laura Elizabeth Lansdowne. The Scientific Observer. Technology Networks. Issue 12, March 2022, pp. 11-17.

(5.2.) “Topical Review: Symptom perception, placebo effects, and the Bayesian brain” Ongaro, Giulioa, Kaptchuk, Ted J. Fuente: Pain. 2019 Jan; 160(1): 1–4.:DOI: i: 10.1097/j.pain.0000000000001367

(5.3.) Fuente primaria: “Effect of Intra-articular Platelet-Rich Plasma vs Placebo Injection on Pain and Medial Tibial Cartilage Volume in Patients With Knee Osteoarthritis: The Restore Randomized Clinical Trial” Kim L. Bennell, Kade L. Paterson, Ben R. Metcalf, Vicky Duong, Jillian Eyles, Jessica Kasza, Yuanyuan Wang, Flavia Cicuttini, Rachelle Buchbinder, Andrew Forbes, Anthony Harris, Shirley P. Yu, David Connell, James Linklater, Bing Hui Wang, Win Min Oo, David J. Hunter, JAMA. 2021; 326(20):2021-2030. Original Investigation. November 23/30, 2021. DOI: 10.1001/jama.2021.19415

(6) “Síntomas, placebo y cerebro bayesiano: No siempre a cada síntoma le corresponde un daño” IntraMed. 29/04/2022

(7.1.) “How Your Body Posture Communicates Feelings to Others: New research suggests that body postures can reveal our emotions to other people—and maybe even change how we feel inside” By Jill Suttie: Greater Good Magazine. Mind & Body | April 27, 2023

(7.2.) Video: Influencia de la postura corporal sobre el cerebro y sus funciones; y evidencias neurocientíficas del ChiKung (QiGong). Conferencia impartida por la neurocientífica Dra. Nazareth Castellanos

(8) Entrevista al Dr. Luis Antonio Chiozza. Boletín N° 16., Junio 2017. “Medicina Convencional y Medicina No Convencional: Hacia una armónica confluencia”

(9) “Su médico dijo que su enfermedad solo estaba en su mente: Marlena Fejzo, una genetista que sufrió náuseas y vómitos intensos durante el embarazo, hizo de la búsqueda de la causa de su enfermedad la hiperémesis gravídica su misión de vida.” Alice Callahan c.2023 The New York Times Company. Intramed. Artículos. 18/04/2023